INTRODUCCIÓN A LA PEDAGOGÍA
INTRODUCCIÓN A LA PEDAGOGÍA
El
proceso de formación de los profesionales en la Educación Superior está
intencionalmente orientado a egresar ciudadanos para la sociedad del Siglo XXI,
apropiados de una cultura universal, pero desde y con la identidad y
autenticidad de su contexto y país, lo que significa: sujetos altamente
comprometidos con la historia y las tradiciones de su entorno, profundamente
reflexivos, esencialmente humanos en sus convicciones y comportamientos
sociales, con capacidad transformadora, indagativa y argumentativa,
potencialmente preparados para asumir los desempeños laborales y profesionales
en el campo de su profesión; con las posibilidades para insertarse en el
vertiginoso avance de la ciencia, la tecnología, el arte y dispuestos a crecer
tanto en el orden de la preparación técnica y profesional como social y
espiritual. Lo que se resume en profesionales capaces, comprometidos, flexibles
y trascendentes.
El
estudio y desarrollo de la formación en la Educación Superior ha de reconocer
el carácter de proceso social complejo, cultural y esencialmente humano que
conlleva la necesidad de nuevas concepciones científica que revelen
precisamente el sentido de lo humano, ya que múltiples mirada científica
establecida hasta el momento, no siempre aportan interpretaciones con la
riqueza y sensibilidad suficiente. Las ciencias que estudian la Educación
Superior a las consideraciones desde diferentes aristas, que si bien están
presentes en los procesos formativos, no dan cuenta en la totalidad,
complejidad y diversidad de los sujetos, así como de los ámbitos en que
desarrolla su formación.
Existen
diversos criterios y presupuestos epistemológicos sobre el carácter científico
de la Pedagogía en sentido general y en particular de la Pedagogía de la Educación
Superior, donde desde diversas posturas teóricas, se han abierto líneas de
comprensión e interpretación de los problemas fundamentales de dicha ciencia y
a la vez de estudiar la formación de los profesionales para elevar la calidad
de la Educación Superior, lo que no siempre ha tenido en cuenta el desarrollo
humano como totalidad en su contexto histórico social y cultural.
Por
otra parte en necesario establecer las fronteras epistemológicas y
metodológicas entre las Ciencias de la Educación, la Pedagogía y la Didáctica,
lo que conlleva a consideraciones que argumenten la especificidad de la
Pedagogía y la Didáctica en la realidad y características de la universidad,
determinando cuál es el espacio cultural de la llamada Pedagogía Universitaria
o Pedagogía de la Educación Superior.
El
proceso de formación en la Educación Superior, consecuente con la necesidad de
formar profesionales capaces de brindar respuestas a las exigencias de las
sociedades contemporánea, ha de propiciar una formación profesionalizante e
investigativa de avanzada que permita la construcción y aplicación del
conocimiento científico en la solución de los problemas fundamentales que se
presentan en su campo profesional, de manera activa, independiente y creadora,
a la vez que desarrollar una gestión socio-cultural, lo cual tiene profundas
implicaciones en la relación entre la universidad y la sociedad.
La
formación no puede ser interpretada desde posiciones unilaterales, y mucho
menos con una absolutización de los postulados de una ciencia, como ha ocurrido
en el caso de la Psicología o en el pensamiento analítico y cuantitativo, que
ha distorsionado la Pedagogía, al pretender cuantificar conocimientos, medir
habilidades y valores. Sin embargo se trata de valorar los comportamientos en
el seno de la sociedad, a la vez reconocer que no son estos comportamientos
independiente de la misma sociedad, pues estos son valorados según la sociedad
y la cultura, de acuerdo con las normas éticas en ese contexto, todo lo cual
está condicionado histórica, cultural y socialmente.
Se
trata de establecer una dinámica interpretativa de la actividad humana, pero no
como un comportamiento unilateral visto desde la Psicología u otra ciencia en
particular, sino como visión totalizadora y transdisciplinar que considere la
totalidad del proceso de formación de profesionales desde un enfoque humano y
cultural, que revele una perspectiva holística, compleja y dialéctica, como un
estilo de pensamiento científico propio, acorde a la esencia de la Educación
Superior.
Una
vez delimitado el campo de la Educación Superior se necesario delimitar su relación
en el contexto cultural de las “Ciencia de la Educación” que constituyen una diversidad
de ciencias que se ocupan de la formación y la actividad educativa, que se configura
como la categoría con cual se designa el desarrollo permanente de la sociedad
humana, como esencia de su sostenibilidad y sustentabilidad, ya que consiguientemente
es la actividad educativa está llamada a potenciar las cualidades y naturaleza
humana que trascienden a su ser biológico y ecológico, a toda una amplitud de
los hombres y mujeres como seres sociales e individuales. En tal sentido la
actividad educativa se erige en un proceso para construir un discurso donde se
sistematiza, desde la posibilidad y la realidad, de la formación humana como
segundo nacimiento del ser humano, por ello tiene un carácter totalizador que
enmarca todos y cada uno de los aspectos esenciales que contribuyen de manera
directa o indirecta a la educabilidad de lo humano universal.
Para
ello es necesario dilucidar, desde esta teoría, que la actividad educativa
constituye el movimiento y transformación, determinado por el dinamismo de las
relaciones entre los sujetos, encaminado a formar a los seres humanos como entes
sociales, a partir de que puedan apropiarse de la cultura indispensable, que
corresponde a un tiempo histórico social determinado, y donde se configuran
nuevos significados y sentidos que propicien el desarrollo de la condición
humana de los sujetos en la transformación de su realidad. De ahí que la
actividad educativa se encamina a transformar y potenciar los diversos aspectos
de la formación de los seres humanos; este último no puede reducirse ni al ser
individual y ni al ser social y es que este tipo de actividad es orientada
hacia el propio desarrollo humano, hacia su propio “yo” en el logro de una
autoconciencia y una autotransformación.
El
sistema de relaciones existente entre las Ciencias de la Educación lleva a
precisar y determinar los objetos de las mismas desde un reconocimiento de la
diversidad epistemológica, la existencia de enfoques diversos, de acuerdo la
relación entre la actividad fundamental y la cualidad emergente en cada
proceso. De tal forma que las Ciencias de la Educación constituyen un sistema
de ciencias y disciplinas científicas con sistemas categoriales y relacionales
de carácter teórico-metodológico, que se estructura y sustenta la
interpretación del proceso educativo como un todo, en el que se desarrolla la
actividad educativa en el proceso y donde emerge como cualidad lo educativo.
En
la actualidad los conceptos de Ciencias de la Educación, Pedagogía y Didáctica, no
siempre quedan suficiente delimitados en el sistema de relaciones de las
ciencias de la educación, cuál es su objeto y objetivos, es decir, no hay una
clara precisión de sus fronteras epistemológicas, por lo que es indispensable
trazar líneas de demarcación que faciliten el movimiento e integración de estas
ciencias, con una visión transdisciplinar que considere la totalidad del proceso
de formación de los profesionales desde una perspectiva humana y cultural,
responda a las consideraciones objetivas-subjetivas de la Educación Superior y
permita delimitar el objeto específico de estas ciencias.
La
Pedagogía de la Educación Superior como disciplina científica, inscripta dentro
de la Pedagogía, se ocupa, por tanto, de la formación de capacidad
transformadora humana profesionalizante y por tanto debe potenciar su rol, e
incrementar su influencia en la formación de los profesionales en el presente
siglo, desde su especificidad y diversidad epistemológica. Por lo cual,
reconocer el carácter científico de la Pedagogía de la Educación Superior
propicia incrementar las potencialidades del proceso formativo, sus tareas,
métodos de investigación y aparato categorial.
Por
tanto, en la Educación Superior se requiere de una coherencia científica entre
la Pedagogía y la Didáctica, a partir de los fundamentos teóricos que las
sustentan, ya que no asumir una relación entre ellas conduce a una incoherencia
que colapsa la formación de los profesionales, pues la no correspondencia entre
la Pedagogía y la Didáctica
de la Educación Superior hace emerger contradicciones que desvirtúan el
carácter objetivo-subjetivo del proceso. Un divorcio entre ellas conduce a
separar la formación y la educación de los profesionales prevista en el modelo
del profesional de la formación que se ha de desarrollar en la especificidad de
las diferentes disciplinas docentes, asignaturas y contenidos propios de los
programas, como expresión de la dialéctica del todo y las partes.
Por
otra parte lleva a un estancamiento en el proceso del pensamiento, al no
revelar que los discursos y acciones desde los contenidos específicos de las
disciplinas docentes y asignaturas deben converger con un nivel superior de
cualidad, que es lo profesional como totalidad, lo cual permite el pleno
desarrollo entre lo social y lo cultural, para potenciar el desarrollo de la
capacidad transformadora humana profesionalizante.
Esta
consideración no es una interpretación que tipifique mecánicamente una relación
elemental, sino por el contrario, ha determinado diversos enfoques que en su
mayoría son inconsistentes al no quedar revelada la relación esencial entre la
Pedagogía de la Educación Superior como la disciplina científica fundamental de
la formación del profesional y la Didáctica de la Educación Superior como una
disciplina científica inscrita en la primera.
Esto
conduce a reconocer la necesidad de un pensamiento complejo, diverso, a la vez
holístico que integre en una totalidad la interpretación, sin excluir enfoques,
pero sí reconociendo la autenticidad de cada uno de ellos y la no dependencia
de uno en particular que pueda ser considerada de mayor jerarquía. Implica un
pensamiento holístico y a la vez diverso, sin que ello signifique un
eclecticismo metafísico, sino desde una contextualización epistemológica que
garantice el holismo dialéctico en la interpretación.
En
resumen, la Pedagogía de la Educación Superior tiene en la formación
intencional y sistematizada de las capacidades transformadoras humanas de los
profesionales una intencionalidad formativa de carácter profesionalizante,
signada e inscrita en su sistema categorial, de principios y leyes, que han de
emerger de la propia condición humana y no como derivada del sistema categorial
de otras ciencias, lo que le permite tener una identidad científica y
autenticidad epistemológica, que es sistematizada a través de la investigación
científica de avanzada, y por tanto se hace imprescindible una construcción
teórica que responda a la visión de una naturaleza humana que en la formación,
desarrolle y potencie una dimensión humana transformadora y creativa.



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